Sin familias estables y fuertes no hay futuro para nuestras sociedades. Una sociedad de personas aisladas y sin hijos, una sociedad sin niños acogidos y cuidados en un contexto estable de amor, una sociedad de ancianos solitarios, una sociedad no trabada y sostenida por la solidaridad primaria y gratuita que generan los vínculos familiares, es una sociedad que envejece en un progresivo individualismo desesperanzado y carente de perspectivas de regeneración.

Sin familias estables y fuertes no hay futuro para nuestras sociedades. Una sociedad de personas aisladas y sin hijos, una sociedad sin niños acogidos y cuidados en un contexto estable de amor, una sociedad de ancianos solitarios, una sociedad no trabada y sostenida por la solidaridad primaria y gratuita que generan los vínculos familiares, es una sociedad que  envejece en un progresivo individualismo desesperanzado y carente de perspectivas de regeneración.

La familia, fundada en el compromiso vital de un hombre y una mujer que se abren a dar vida, aporta a la sociedad el clima ecológicamente idóneo para el nacimiento y crianza de las nuevas generaciones y los lazos de solidaridad primaria interpersonal más fuertes y duraderos que la humanidad conoce: los fundados en las relaciones de paternidad-maternidad-filiación que se abren en el tiempo a más personas con la misma eficacia unitiva y solidaria. Familia es cuidado, atención, ternura, preocupación gratuita por los demás, generosidad vital; familia es escuela de humanidad y esperanza de futuro…aunque algunas familias fracasen y se frusten, como sucede en todo lo humano.

Cualquier observador objetivo y responsable debiera preocuparse por el alarmante crecimiento de los casos de renuncia a hacer familia y dar vida que se dan en nuestra época y por el terrible número de personas que fracasan en el intento de crear familia. Acostumbrarse a estos fenómenos no es razonable; alentarnos y saludarlos como liberadores o alternativos, es irresponsable; jalearlos como modernos y progres es de ciegos (o de ideólogos del antihumanismo).

Las ideologías antihumanistas del siglo XX, prolongadas en el nihilismo contemporáneo, con su esfuerzo por romper con las raíces de la civilización europea de matriz cristiana han logrado el triste resultado de desarraigarnos –de paso- de todo humanismo; y hoy toda una civilización vive desnortada, sin raíces, confusa sobre lo humano. Muchos de nuestros contemporáneos no se aclaran ya sobre en qué consiste ser un ser humano, carecen de un proyecto de persona para orientar su vida y, por lo tanto, carecen de las claves morales e intelectuales para hacer familia. Quienes no entienden y respetan la sexualidad y la convierten en mero objeto de manipulación corporal al servicio del placer, quienes no integran su afectividad y su sexualidad en un proyecto personal abierto al otro y a  la vida, es muy difícil que cuenten con los instrumentos vitales para hacer familia en el matrimonio.

Trabajar por la familia hoy exige todo un proyecto de revolución cultural para recuperar las claves de humanidad que han caracterizado a la civilización. Y mientras ese arduo e imprescindible trabajo se va haciendo, no parece excesivo pedir a las leyes y a las políticas públicas que no hagan daño a la familia, que la respeten y la promuevan, que apoyen a los que en libertad se esfuerzan con gozo en hacer familia, que amparen y protejan la vida.

Benigno Blanco Rodríguez

Presidente del Foro de la Familia

La Gaceta 15/05/2012